sábado, 27 de diciembre de 2008

RAFAEL BLASCO.

Una colección de bodegones al óleo en las que se equilibra la influencia del referente flamenco, con la técnica impresionista que tanto marcó el criterio de los pintores hispanos de principio del siglo XX.
A nuestro artista le interesa en extremo la acción de la luz. Que le permite construir y modelar el carácter de los objetos, otorgándoles una personalidad tan histórica como fascinante al mismo tiempo.
La realidad de su pintura posee, además esa intención anímica del objeto inanimado que por la dirección de la luz se convierte en algo palpitante, con vida interior.
Investiga las posibilidades de la luz y un recursos propio en la pincelada que concede a sus objetos una particular soltura que se acentúa más cuando se les contempla en la mayor proximidad del cuadro. Si la visión lejana gana en teatralidad, la próxima lo hace en recursos cromáticos y en ritmos.
No es el hiperrealismo al uso, el de su pintura, bien al contrario es el de su trabajo cuya impactante lozanía se crece en la vitalidad y el acento de sus golpes de pincel.

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